sábado, 9 de mayo de 2015

Los padres al ver esto se quedaron aterrorizados pero sin darse cuenta, la rama en la que estaban apoyados se rompió y los hombrecitos con grandes sombreros los vieron, así que uno de ellos usó un látigo para amarrarlos. Al poco rato amaneció y Clara se había levantado pero no encontraba a nadie, se sintió muy aterrada ya que ella odiaba la soledad, así que empezó a buscar a sus padres y al ver que no contestaban se fue a la colina, donde se escuchaba un pequeño río, Clara se acercó y vio a su madre del otro lado de la orilla, ella le gritó con desesperación pero cuando se acercó a ella para darle un abrazo, se dio cuenta de que su madre no respondía, su rostro estaba pálido, sus ojos eran completamente negros, sus uñas estaban afiladas y muy maltratadas. De repente escuchó un canto a sus espaldas que le paralizó el cuerpo y al regresar a ver, se dio cuenta de que era su hermana la que estaba en la cima de la colina cantando, así que fue corriendo donde ella pero Rosa no se detenía, ella solo era guiada por su canto, hasta que llegaron a una cueva donde ya no se escuchaba un canto, sino una risa algo macabra, Clara se tropezó y se dio cuenta que era su padre quien estaba tirado en el piso ya sin vida. La niña se puso a llorar desconsoladamente deseando que fuera un sueño, de pronto sintió una mano en su hombro y vio que era su hermana quien estaba flotando y se desmayó.
Clara se despertó en una cama de piedras rodeada por un montón de velas y más allá de las luces estaban aquellos hombrecitos verdes, las velas se fueron apagando una por una y en la última vela vio una foto de su familia, la cual fue desgarrada por un ser extraordinario negro y muy peludo a quien los pequeños hombrecitos le rendían reverencia mientras se apagaba la última vela y desde entonces nadie supo otra vez noticias de Clara, nadie la volvió a ver, nadie pudo repetir su nombre.

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